
Aquella mañana de otoño Jacinto Vera salió de casa un poco más temprano que de costumbre. Se dirigía como cada Lunes al terminal de Fiori donde subiría al bus que lo llevaría hasta Barranca, un pueblito tres horas al norte de Lima, ahí se desempeñaba durante la semana como guadaespaldas de un empresario afincado en esta zona y dueño de una conocida empresa textil.
"El cholo" Vera, como lo conocían...